jueves, 2 de junio de 2022

Leer y escribir en Zacatecas, Berenice Reyes Herrera

(Doble) Ampliación del campo (de estudio):
leer y escribir en Zacatecas

 

Berenice Reyes Herrera

 

I've been looking so long at these pictures of you
That I almost believe that they're real
[1]

«Pictures of you», The Cure

 

Hay una escena en la película Closer (2004, Mike Nichols) en la que Anna (Julia Roberts) tiene una exposición fotográfica. Allí, las fotografías han sido ampliadas de manera tal que son más altas que las personas. Uno de los personajes se detiene a observar todos los detalles de una de las imágenes, se observa a sí misma. Esta estrategia de ampliación puede verse en varios museos y en exposiciones de todo tipo. Peter Burke lo menciona en su estudio también: “En el caso de las viejas fotografías de ciudades, por ejemplo, sobre todo cuando se amplían hasta llenar toda una pared, el espectador llega a experimentar la vívida sensación de que, si quisiera, podría meterse en la foto y ponerse a caminar por la calle.”[2]

Para el caso de Los decimonónicos, nos encontramos igual con cortometrajes, o imágenes, affaires, narraciones, en los que se pone atención al detalle y a la reconstrucción de las escenas, lo cual las amplía y permite al lector obtener distintas informaciones. Incluso, podemos imaginar los rostros adustos de los personajes: “las palabras aladas, [...] denotan gravedad, seriedad y compromiso. Percibimos que ocurre así, por la interacción entre la enunciación de orador, y la escucha y deliberación de los asistentes.”[3] Estas imágenes, estas escenas y recreaciones, suceden en el contexto que también va siendo reconstruido con cada artículo, cada cita de documentos, cada descripción de las prácticas de lectura y escritura que vemos en Los decimonónicos.

Los artículos sugieren rostros y ponen nombre y apellido a las firmas anónimas de las actas de la Diputación provincial, de los acuerdos, de los decretos. En ese sentido, Los decimonónicos es un álbum de fotografías, una muestra de cortometrajes; cada uno de los capítulos o artículos que lo componen es una instantánea de un affaire, un caso, de un acontecimiento en la historia de la escritura-lectura-prensa de Zacatecas y de sus alrededores. Por lo mismo, no es necesaria una lectura lineal de los artículos, del principio al fin; sino que se pueden leer como leeríamos Rayuela o como podría visitarse un museo. Se puede consultar una sola de sus piezas, o pueden concatenarse varias, según el día de la visita y el tiempo que se disponga para ella. Esto tal vez esté dado porque consiste, precisamente, en la antología de varias entregas que se hizo a la revista Corre Conejo, y por ello, está concebida como una serie.

La nitidez de las narraciones con que desarrolla los documentos de archivo hace de este recorrido histórico un paseo agradable. Sin embargo, el narrador no da el “brinco” hacia la ficción, sino que se queda en el límite que las fuentes pueden proporcionarle, lo demás son sugerencias. Como lo dijo Luis González, en su conocido libro El oficio de historiar[4] sin erudición previa, no es concebible una grata narración histórica. Y esto tiene que ver también con el juego de fuentes que hace el autor: desde las muy acudidas, como los libros de Chartier, Langue o de Mercedes de Vega, otras provenientes del “repositorio máximo” (como las del Fondo Inquisición del AGN), y otras tal vez no tan conocidas, como las provenientes del Archivo Histórico del Municipio de Sombrerete. Y es que, como el autor, Flores Zavala, se ocupa en varias ocasiones de personajes “excéntricos”, no tiene de otra más que acudir a las pocas huellas escritas que han dejado en los archivos (muchas veces solamente en el bautizo, confirmación, compra de solar y casa, matrimonio, padrinazgo y muerte), “y tales huellas se guardan en los archivos de los notarios del municipio y de la parroquia”[5], en los archivos locales.

El título de los apartados es significativo: “Hablar, escuchar, leer, escribir, conversar, debatir”, el primero; “Noticias de algunas mujeres y hombres”, el segundo; y “Otros tiempos, diferentes personas, prácticas y discursos”, el último. Desde la revisión de la escritura de Sombrerete, pasando por un recuento de las escritoras y los escritores de Zacatecas de 1825 a 1855 y una microbiografía como la de Severo Amador, el curador de esta exposición desenvuelve y retrabaja ciertos conceptos provenientes de la historia cultural, por supuesto, pero este re-trabajo también se refiere a que hay un desarrollo que amplía el tema y la metodología. Por un lado, no sólo es en la salida de los centros, de la Ciudad de México, primero; de la ciudad de Zacatecas, después; sino también de los personajes “céntricos” de la historia literaria o política de la ciudad. Esta doble ampliación aporta al entendimiento que se tiene de la historia de la lectura o la escritura, dentro de la historia cultural.

En una escueta nota, la número dos, el autor de estos estudios revela su utilería teórica y metodológica. Reproduzco la nota, por importante:

El contexto de las ideas vertidas proviene de una investigación permanente sobre la cultura impresa en Zacatecas, donde hemos abordado a escritores, lectores, intermediarios, impresos y manuscritos –libros, periódicos, hojas-, imprentas, redes comerciales y mercado, consumos, lecturas, salones y bibliotecas particulares y públicas. 

Por un lado, vemos que el circuito de lo escrito, el sistema textual, que propone el autor es más extenso y detallado que el simple leer o escribir, incluso el de consumo ¿quién leía?, ¿quién compraba el texto?, ¿quién lo recibía de manos del autor como regalo?, ¿quién lo escuchaba? Por otro, las preguntas sobre cómo acceder a ese objeto se han multiplicado al ir conociendo la finura de la información que va presentando el autor. En resumen, ¿qué implicaba escribir? y ¿cómo documentarlo o cómo estudiarlo?; ¿qué era leer? y ¿cómo recuperar esta práctica con las mismas fuentes sobre las que se ha ido una y otra vez?; ¿cómo eran las prácticas de escritura y de lectura en Zacatecas y sus alrededores, durante el siglo XIX? Si bien, estas preguntas no se hacen directamente en el libro, sí se contestan en cada uno de los más de treinta artículos que lo comprenden.

Con la basta información que posee el autor acerca del contexto sociopolítico local de los actos públicos de lectura y escritura, se descubre la dimensión simbólica que conlleva el texto. En el caso específico de “¿Corona fúnebre o expresión de lealtad?”, por mencionar un ejemplo, se analiza cómo la publicación de un folleto era más bien la manifestación de lealtad al general Jesús Aréchiga. Y es que para entender la performatividad de este acto de habla es necesario acudir al entorno, a cualquiera de ellos.

De la mano de Herón Pérez podemos recordar que todo texto conlleva una función sociocultural que determina no solamente su ciclo de creación y recepción, sino su forma. Ello puede observarse claramente en el artículo del autor, cuando señala que “siguiendo los usos de la época, la intención última consistía en recordar a la difunta”. Pero, en efecto, la vida de los textos es siempre social, porque nacen y funcionan en un ambiente social, a partir de una necesidad y con una función muy concreta que determina su estructura.[6] De ahí que el artículo sobre la Corona fúnebre se dedica a detallar cómo la aparición de un texto, aparentemente sencillo, aparentemente inocente, involucra a los principales actores de la vida política de esa ciudad de Zacatecas de finales de siglo y unas de las tantas querellas públicas que entablaban los “católicos beligerantes y defensores de sus derechos y creencias en contra de los liberales que ocupaban diferentes instancias de poder [político] y que imprimían los periódicos El Liberal y El Constitucional con fines propagandistas.”[7]

De ahí que las preguntas que se encuentren latentes en los artículos de Los Decimonónicos no solo provengan de la historia cultural, sino que también pudieran rastrearse hacia los estudios del discurso, pues se notan los esfuerzos por definir relaciones sistemáticas entre los contextos sociales y culturales (reconstruidos con rigor histórico) y las estructuras y funciones del lenguaje; por ejemplo, el autor nota el rigor del uso del “yo generalizado” en las asambleas representativas y las sesiones ordinarias.

Dicho en otras palabras, el autor nota en los documentos los actos de enunciación específicos y trata de acceder al sistema (a los sistemas) a través de la reconstrucción de los contextos. En ese sentido, recupera los aspectos del decir que ya Coseriu habría propuesto hace ya más de medio siglo: el decir como producto, como enunciado; el decir como práctica, algo que se mueve; y el decir como sistema. Sin ir más allá hacia la determinación, como conjunto de operaciones o el juego de las reglas (ni hablar del determinismo, que no viene al caso), y los entornos, como instrumentos circunstanciales de la actividad lingüística, los contextos, se puede constatar la ampliación que el autor ha hecho tanto del objeto como del método de estudio.

De alguna manera, las conclusiones a las que llega el autor, o a las que puede llegar el lector después de analizar estos textos de Flores Zavala, son (metodológicamente hablando) que, para los estudios de la historia cultural, o los estudios sobre el decir en general, deben articular la construcción discursiva del mundo social con la construcción social de los discursos. O, dicho de otro modo, ya con Darnton propiamente, de inscribir la comprensión de los diversos enunciados que modelan las realidades dentro de coacciones objetivas que, a la vez, limitan y hacen posible su enunciación.[8] Este dominio se podría aplicar para los estudios de la literatura también, aunque sea otro tema. Sin embargo, no se puede negar que este domino de investigación es el de la historia de las formas, usos y efectos de la cultura escrita en las sociedades del siglo XIX en Zacatecas y alrededores.

Flores Zavala se ha ido haciendo del bagaje de archivo y de información necesario para conformar esta serie a lo largo de varios años, también ha ido conformando una forma de pensar la significación de los discursos, al situarla entre las diversas estrategias (autorales, editoriales, críticas, escolares) que intentan fijar e imponer su sentido, y las apropiaciones plurales, móviles de los lectores-escuchas (de primera y segunda mano) que les dan usos y comprensiones que les son propios. Por estas razones es que este caleidoscopio de estudios sobre la lectura-escritura en Zacatecas en un texto obligado para quienes nos interesamos en el campo, por decir lo menos.


[1] “Pictures of you” es una canción de The Cure incluida en el álbum Disintegration, 1990.

[2] Peter Burke, Visto y no visto. El uso de la imagen como documento histórico. Barcelona: Crítica, 2005.

[3] “Las palabras aladas”, en el interior de este libro.

[4] Luis González y González, El oficio de historiar. Zamora: El Colegio de Michoacán, 2009.

[5] Idem, 81.

[6] Herón Pérez Martínez, “La investigación emblemática”, Herón Pérez Martínez y Bárbara Skinfill Nogal, Editores, Esplendor y ocaso de la cultura simbólica. Zamora, El Colegio de Michoacán, Conacyt, 2002, 31.

[7] “¿Corona fúnebre o expresión de lealtad?”, en el interior de este libro.

[8] Robert Darnton, El beso de Lamourette. Reflexiones sobre historia cultural. Buenos Aires, FCE, 2010.

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