sábado, 28 de noviembre de 2020
martes, 17 de noviembre de 2020
Una particular lectura de "Pinceles olvidados"
Visibilización y sororidad de las féminas en el arte
Texto leído en la presentación virtual de Pinceles olvidados. Mujeres artistas (siglos x-xvi) de Diana Arauz Mercado
Elva
Martínez Rivera
El
arte no era considerado un «oficio para mujeres» y a pesar de ello fue
ejecutado y elaborado por ellas. Hay trabajo y talento en las obras artísticas
por religiosas y laicas. El texto que hoy nos reúne, Pinceles olvidados. Mujeres artistas (siglos X-XVI) escrito por
Diana Arauz (izc-uaz,
Texere 2020), nos permite confirmarlo y es través de la
compilación biográfica, de la vida y obra de mujeres artistas que nacieron
entre estos siglos, largo periodo que comprende desde la época medieval hasta
las que se formaron como parte de los movimientos artísticos que iniciaron la
edad moderna, como el manierismo, el renacimiento y el primer barroco. La
autora lleva su análisis a una visión en conjunto, detallando además con datos
históricos, iconográficos e iconológicos en el detalle y la exquisitez de la
explicación de cada una de las piezas expuestas.
El libro lo organiza en dos partes. La
primera, que lleva por título «Artesanas, artistas, miniaturistas e
iluminadoras medievales (siglos X-XV)», está formada por un grupo de 23 féminas
que desarrollaron sus talentos en su mayoría como religiosas en los scriptorium
de los monasterios femeninos de la Europa medieval, como Canterbury o Winchester,
centros religiosos vinculados con la espiritualidad o reclusión, pero también
como espacios para desarrollar y ejercer su vocación artística. También las
hubo, quienes se desarrollaron como artesanas en los talleres familiares, como
espacios para su imaginación y creación artística. Cito: «Se nos presentan como
mujeres de carne y hueso, activas, independientes, con una avanzada estética y
a menudo con un notable sentido del humor, en general conscientes de su propio
valer y probablemente más liberadas en el convento que las seglares sometidas a
la dependencia de un marido o a las necesidades de atención de una familia
convencional».
La segunda parte, «Pintoras,
retratistas, miniaturistas, bodeguistas, escultoras y grabadoras entre el
renacimiento y el barroco. Artistas nacidas en el siglo XVI», es
un grupo de 27 mujeres artistas
que se desarrollaron en dos ámbitos: en la labor colectiva de familias de
artistas o en el seno de familias nobles, cuyos padres consideraban importante
para la formación de sus hijas la dedicación a los estudios de arte, y que por
lo general, fue en la música y en la plástica. Significativa fue la pertenencia
a un estatus económico y social medio o alto, directamente vinculado con la
formación humanística, la dedicación o especialización a través de un
aprendizaje autodidacta o en el taller familiar. Contar con tal apoyo familiar
o conyugal para cultivar, ejercer y mantenerse en el oficio constituyó un punto
clave cuando ellos actuaban a favor de los artistas o viceversa. También las
hubo quienes pudieron comercializar sus obras dentro y fuera de sus ciudades de
origen, incluso algunas llegaron a recibir salarios que les permitieron
mantener económicamente a sus familias.
En esta etapa, se dan nuevas formas de
concebir el arte, aunque se siguen desarrollando dentro de un oficio
considerado masculino de acuerdo a los cánones religiosos, artísticos y socio
culturales del momento…. Hay genio, aunque oculto por las convenciones
sociales. La mayoría de estas artistas, fueron por lo regular hijas de pintores
manieristas, escultores de corte y grabadores, recibiendo influencia de grandes
artistas como Tizziano, Tintoretto, Rembrandt o Caravaggio.
Diana Arauz, nos presenta un desfile de
mujeres artistas de diversa posición social, del convento a la ciudad burguesa,
del mundo artesanal a la nobleza, que lograron cultivar los más diversos
géneros: desde el retrato al bodegón, desde la pintura religiosa hasta la
mitológica, desde la miniatura al gran formato, ¡desde lo sacro al desnudo! Incluye
también un índice ordenado cronológicamente de las artistas, junto con una gran
diversidad de fuentes documentales, archivísticas, bibliográficas, museísticas
y una extensa linkografía. Tiene un extraordinario repositorio de imágenes que
ilustran y que permiten tener lecturas diferentes, como lo puede ser de corrido
o bien, por artista o imagen, pues en cada una de ellas hace la descripción y
análisis correspondiente.
En las obras encontramos el uso de una policromía
excelsa, tanto en el arte sacro como profano y que se han convertido en
referentes simbólicos para el estudio de las mujeres y del arte. ¡Son
estéticamente una explosión de color! Hermosas, en su tiempo y espacio, en su
circunstancia histórica. Diana Arauz nos transporta a través de un recorrido
visual por los museos de Europa y algunos de América, que albergan las obras
que tuvieron diferentes y variados soportes: como los antifonarios, breviarios
(libros litúrgicos que contienen oraciones eclesiásticas de todo el año),
homiliarios, salterios, leccionarios, lienzos, retablos, metal, mármol, cantera
y otros objetos decorativos como platos, vasos y espejos. La dra. Arauz Mercado
entra a los monasterios, a los talleres artesanales y a aquellos espacios en
los que se ve la expresión artística de las mujeres, «impropios de su sexo», ha
redescubierto sus firmas, sus autorretratos y nos muestra un gran lienzo,
sublime, erudito y necesario en la historia visual de la humanidad.
Es un libro que nos aporta historiográficamente. Devela cómo la gran mayoría de las mujeres han sido infravaloradas en su condición artesanal, dando cuenta de los impedimentos propios del sexo femenino para recibir una educación general o de formación artística, pero también por el señalamiento de quienes dominaron diversas disciplinas considerando a las mujeres «artistas inferiores». No olvidemos el contexto en el que ellas se desenvuelven. Un mundo en el que estaban a la sombra de los hombres..., en el anonimato. Se tenían pocas posibilidades para asistir a escuelas de arte, pero sí podían ser aprendices del oficio por su cuenta en los talleres familiares. Diana Arauz visibiliza en este texto de Pínceles olvidados a todas aquellas mujeres, las saca de las sombras. Mujeres interesantes, con aspiraciones, con sus luchas y victorias sobre la incomprensión y el aislamiento. Es un texto necesario para ir saliendo de esos años de silencio y de ignorancia sobre la aportación femenina al arte. Obras que por mucho tiempo fueron atribuidas a grandes pintores, como fue el caso de El Greco o Tintoretto, por mencionar sólo un ejemplo.
Resulta significativo el conocimiento y
difusión de lo que las mujeres lograron hacer en su tiempo, pues siguen
desconociéndose dentro y fuera de la historia del arte, de la cultura y de las
mujeres. Vale la pena situar, contextualizar y valorar su papel como ahora lo
hace la autora. Sigamos develando, reconstruyendo y reconfirmando la
importancia en el ámbito histórico, historiográfico, artístico y cultural. Es
momento de abrir una brecha en el camino y darles voz. ¡Lecturas varias nos
corresponde a los lectores y consumidores de este libro extraordinario! Descripción
de la imagen de portada, de Lavinia Fontana, temática mitológica «Marte y Venus».
Observamos a una Venus de espaldas, desnuda, posando sobre el taburete y la camisa blanca que acaba de quitarse, a juego con un par de chinelas. Luce collar de perlas y pendientes. Delicadamente, gira el cuello, regala un guiño cómplice al espectador ofreciéndole un narciso en su mano derecha. La otra mano derecha, la de su acompañante, posa a través de una caricia desvergonzada en la nalga de la diosa conectando con una intensa mirada hacia ella. Marte, acaba de despojarse de su escudo y espada, pero aún conserva el casco en la cabeza. Completa la escena un adormecido Cupido quien empuña su arco bajo un cortinaje oscuro que cierra la alcoba» (pp. 247-248).
si
quieres ver la presentación, da clic a la imagen.
martes, 10 de noviembre de 2020
sábado, 7 de noviembre de 2020
jueves, 5 de noviembre de 2020
viernes, 30 de octubre de 2020
Presentación de «Emilio. Una historia reciente» (catálogo de arte)
En 2010 Edgar A. G. Encina escribió «Amor por la imagen, tuya mujer. Emilio Carrasco, laenseñanza del viejo maestro», presentación del catálogo Emilio. Una historia reciente. Pintura y grabado, impreso por la Galería de Arte Irma Valerio. Reproducimos íntegro el texto íntegro como homenaje y reconocimiento al artista plástico.
Amor por la imagen, tuya mujer
Edgar A. G. Encina
Uno.
Pilpoul[1]
Luego
de que Eva fuera provocada por Shaitan,
la serpiente, a comer del fruto de la ciencia, Dios, molestó, la expulsó del paraíso.
Adán, postrado ante la escena se encontró en un camino que bifurcaba. Por un
lado, quedarse a vivir eternamente en el paraíso construido para él y su
compañera. Por el otro, irse, seguirla, permanecer en un mundo imperfecto,
colmado de provocaciones inesperadas, con la muerte asechando a cada halito de
respiración. No le fue difícil, aprendió cuando dejó ir a Lilith, esa ocasión decidió
seguir a Eva: su eterna enamorada llena de pasión y suspicacia, la fiel
compañera, la amante devota. Prefirió morar en ella, sentirla, poseerla, oírle
gritar orgasmos dulces, a estarse en silenciosa soledad en un lugar que, aunque
perfecto, no le era propio.
Sin embargo, antes de partir Adán dejó su
marca en el paraíso. Un acto esencial que nos trasciende; antes de irse nombró las
cosas. Todas, cada una de ellas, ya objetos ya animales ya plantas ya lo
tangible tuvo –tiene- un nombre. Fue más allá, denominó, también, a los sueños,
a sus propias creaciones e imágenes que aún no tocaba o concebía en cuerpo: lo
intangible, igualmente, obtuvo su título. Fuera, en el exilio, continuó con su labor
cimentando el mundo a partir del lenguaje; dio sentido en la vida. Adán se
convirtió a sí mismo en el primer
maestro, no sólo por su conocimiento o longeva vida sino porque con su marcha del
Edén y al nombrar el universo forjó nuestro libre albedrío creacional: la poiesis humana frente la poiesis sobrenatural.
Ya en el mundo, Adán meditó, disfrutó,
supo la vida, saboreo a Eva y murió. Se transformó en polvo para, de entonces a
siempre, viajar en el viento, sentirle en los poros o respirarle. El «primer
hombre», dice el mito, da vida a los hombres originales: hizo de los abuelos
los personajes que construyeron, le dio los ojos a la mujer que amamos, puso el
espíritu al amigo insondable…
Dos. Agôn[2]
Emilio
Carrasco (octubre de 1957) es pintor. Emilio tiene un dolor en la cadera que le
limita el movimiento. Sufre el mal de los grandes en su oficio: la vista le
engaña, no la pierde sólo cambia. Mientras toma los pinceles, se lo repite como
si orara en voz queda, parece un vendedor de biblias en la calle antes que un
pintor. Cuando se acerca a su óleo que antes hubo «fondeado», sabe que ha
encontrado, en el cigarrillo que está entre sus dedos y la tinta embarrada en
su ropa, el tema esencial de esa obra, su obra. Carrasco, pinta.
Emilio Carrasco es más que un pintor. Explora
en la litografía, el arte postal, los ex
libiris, el dibujo… Emilio tiene más que la faceta del hombre en su taller;
hace las veces del académico, del amigo que ya no bebe alcohol, del tejedor de
recuerdos, del padre que sonríe... Carrasco lee imágenes, las que brillan o las
que le llaman. Escucha música, cualquiera porque en su preferencia no vive el
estilo sino el ambiente melódico que le hace sentirse acompañado.
Emilio es Adán en la tierra. La
similitud de su quehacer provoca la ilusión que los difumina. Ambos, con la
palabra o la imagen, recuerdan que lo esencial está en lo simple, en lo que nos
es más propio, en el «ser» [sein] del
que escribe Heidegger. Nombrar el mundo adánico, pintar el mundo carrasqueano, es la descripción sincera
nacida del interior, sosegada, humilde, expresada en la realidad, los sueños,
los recuerdos. En su obra no existe pobreza alguna ni lugar indiferente.
La «imaginería» de Emilio Carrasco está
cargada de la connotación elemental que el arte nos provee. Imaginería porque
le viene de/con la imagen: quimeras reminiscencias aprehendidas. Evocación
fundamental que reside en «amar con el corazón» (loving by heart), superior al «amor al arte», escribe Robert
Graves. Cada una de sus obras tienen el elemento inocente y primigenio: el amor
por el cuerpo, amor por la imagen, tuya mujer, que te deslizas en formas
sugerentes, entre colores y telas y tintas…
Emilio
Carrasco abandona la idea de pintar el paraíso edénico porque este no existe
más. El Olimpo del maestro está en los cuerpos de Lilith, de Eva, de la imagen
femenina que se le ha quedado en la memoria. Sus trazos figurativos no
requieren traducción, su labor es tan elemental y suprema como nombrar las
cosas; en este caso, haciendo uso de la herencia picasseana, recordar el cuerpo, el afuera femenino que es a la vez
un hacia dentro.
El
secreto del maestro Emilio Carrasco revela el valor del trabajo, no del mandato
divino, y del aprendizaje, como el que tuvo Adán. Sus figuras son mujeres que
nacen igual al hombre, como Lilith, mujeres que nacen de la costilla del
hombre, como Eva, mujeres superiores, como todas las hechuras halladas en su
obra. Son las mujeres guardadas, imaginadas, poseídas, trazadas, adentradas,
perversas, intuitivas, como cajas de Pandora, las que hacen ver al artista de
primer orden, interiorizado en un profundo conocimiento que llega a la
profundidad de toda parcela sin observar: la relación de la forma y el
contenido es extremosa.
Emilio
Carrasco, como antes lo hizo Catulo, sabe que en sus mujeres esta la vida sin
muerte: Quod o patrona virgo/plus uno
maneat peremno saeculo (¡Oh Musa, vivir siempre joven más de un siglo). La eternidad del artista.
[1] Se
entiende por la palabra Pilpoul la discusión
escolástica sobre un problema religioso.
[2] Se
entiende por la palabra Agôn un
conflicto esencial (ontológico) y latente siempre.
Trabajos del Seminario Interno de la LGAC CES MDH (3)
. Tercera sesión Guadalupe Esquivel Gerardo Rodríguez Miguel Cruz Durón .
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. Tercera sesión Guadalupe Esquivel Gerardo Rodríguez Miguel Cruz Durón .
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Leonid Pasternak, The Pains of Composition (1892), óleo. Un libro, quizá el primero Marco Antonio Flores Zavala En abril de 1...
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Firma protocolaria de Convenio entre la Universidad Autónoma de Zacatecas, a través del CA-UAZ-252, y la Legislatura del Estado de Zacate...








